Formas antes que adornos
En el laboratorio de formas empezamos por el módulo: un círculo, un triángulo recortado, una retícula de tres columnas. Recién después llegan el color coral, el azul añil y los detalles ilustrados. Si la forma no sostiene la composición, ningún efecto la va a salvar.
Para el cliente: una etiqueta que se reconoce a un metro de distancia, no solo de cerca.
Bocetar es decidir
Cada taller arranca con papel, no con software. Se bocetan diez variantes de un patrón, se descartan siete y se documentan las tres que quedan. Ese descarte es el aprendizaje real: entender por qué una repetición funciona en cartón kraft y otra solo funciona en pantalla.
Para el cliente: menos vueltas de revisión porque las decisiones ya están argumentadas.
Sistemas que aguantan
Un patrón aislado es un dibujo. Un sistema gráfico es un conjunto de reglas: qué escala usa el motivo, cómo se comporta en una caja grande, qué pasa cuando solo hay espacio para una etiqueta pequeña. Enseñamos a escribir esas reglas para que el proyecto sobreviva a la siguiente campaña.
Para el cliente: coherencia entre temporadas sin rehacer todo desde cero.
Portafolio con criterio
La galería gráfica y el portafolio personal no son vitrinas de imágenes bonitas. Cada proyecto se presenta con su brief, sus bocetos descartados y las restricciones de producción. Así el trabajo se lee como proceso, no como resultado suelto.
Para el cliente: puede evaluar cómo piensa el estudio antes de contratarlo.