Nibblydesigns

Una escuela que empezó dibujando etiquetas a mano

Nibblydesigns nació entre cuadernos de bocetos y pruebas de impresión sobre cartón kraft. Lo que era un taller pequeño para resolver encargos de packaging se convirtió en un espacio de formación donde se enseña a mirar formas, repetir módulos y construir sistemas gráficos que aguanten el uso real.

Quiénes sostienen el estudio

Cuatro perfiles que se reparten el bocetado, la construcción de patrones y el armado de sistemas gráficos. Cada uno llega al aula con encargos reales sobre la mesa: etiquetas de té, cajas de snack, identidades que necesitan funcionar en cartón y en pantalla.

Ver el equipo completo
Dirección de estudio y sistemas gráficos

Adriana Romero Romero

Coordina el estudio creativo y define la retícula que sostiene cada proyecto. Antes de que exista una ilustración, ella decide qué módulos se repiten y cómo se documentan para que el resto del equipo pueda trabajar sin adivinar.

Laboratorio de formas y patrones

Monica Martinez Flores

Lleva el laboratorio de formas: explora repeticiones, escalas y variaciones hasta que un motivo suelto se convierte en un patrón aplicable. Buena parte de los ejercicios de bocetado del curso salen de sus cuadernos de prueba.

Ilustración aplicada y packaging

Gustavo Diaz Navarro

Trabaja el paso entre el dibujo y la etiqueta impresa. Revisa cómo se comporta una ilustración en cartón kraft, qué detalles sobreviven a la impresión y cuándo conviene simplificar antes de mandar a producción.

Composición y jerarquía visual

Carlos Vargas Ortega

Ordena la información dentro de cada pieza: qué se ve primero, qué se posterga al reverso y cómo el color guía la lectura en estantería. Acompaña los proyectos finales del portafolio personal de cada estudiante.

Por qué existe Nibblydesigns

No abrimos la escuela para vender cursos de diseño genéricos. La abrimos porque faltaba un lugar donde empaques, patrones y sistemas gráficos se enseñaran como un oficio completo, con bocetos sobre la mesa y decisiones explicadas paso a paso.

Formas antes que adornos

En el laboratorio de formas empezamos por el módulo: un círculo, un triángulo recortado, una retícula de tres columnas. Recién después llegan el color coral, el azul añil y los detalles ilustrados. Si la forma no sostiene la composición, ningún efecto la va a salvar.

Para el cliente: una etiqueta que se reconoce a un metro de distancia, no solo de cerca.

Bocetar es decidir

Cada taller arranca con papel, no con software. Se bocetan diez variantes de un patrón, se descartan siete y se documentan las tres que quedan. Ese descarte es el aprendizaje real: entender por qué una repetición funciona en cartón kraft y otra solo funciona en pantalla.

Para el cliente: menos vueltas de revisión porque las decisiones ya están argumentadas.

Sistemas que aguantan

Un patrón aislado es un dibujo. Un sistema gráfico es un conjunto de reglas: qué escala usa el motivo, cómo se comporta en una caja grande, qué pasa cuando solo hay espacio para una etiqueta pequeña. Enseñamos a escribir esas reglas para que el proyecto sobreviva a la siguiente campaña.

Para el cliente: coherencia entre temporadas sin rehacer todo desde cero.

Portafolio con criterio

La galería gráfica y el portafolio personal no son vitrinas de imágenes bonitas. Cada proyecto se presenta con su brief, sus bocetos descartados y las restricciones de producción. Así el trabajo se lee como proceso, no como resultado suelto.

Para el cliente: puede evaluar cómo piensa el estudio antes de contratarlo.

El efecto que buscamos es simple: que quien termine un taller pueda defender una decisión de diseño frente a un impresor, un cliente o su propio equipo.

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